miércoles, 21 de diciembre de 2011


A pocos días de  cumplir 8 años

No tengo su piel llena de caricias, otra vez 13 años, hay edades que nunca se pasan, casi siempre ocurre que alguien se queda en un tiempo congelado… soy esa niña que se mantuvo sentada en una piedra; nada ha pasado aún. 
Es diciembre y estoy  esperando que todos se vayan para levantarte de la caja de hisopos, son 2 horas y ya siento el frió en el jardín de un solo columpio. A los demás les gusta verte dormir yo solo quiero que sepas que ya llegue, seguro eso te pondría feliz porque te veo callada e inmóvil,  no te dan comida como al tío loco y empiezo a creer que te incomoda tenerlos tan cerca, mi mamá también está molesta, grita, llora luego se queda callada con los párpado abiertos…no tiene ojos, mis tíos le dicen que se calme pero al parecer todos vinieron vestidos igual que ella creo que eso le debe fastidiar mucho. 
Al día siguiente no te vi porque solías salir a caminar todas las mañanas,  había mucha gente en la casa y nos acompañaron a una iglesia que estaba en medio de una pequeña ciudad, mi hermano abrazaba a mi mamá porque aun no encontraba sus ojos,  ya nadie me sujetaba de la mano así que te busque, quizás llegaste tarde y te quedaste atrás, la pequeña ciudad estaba enrejada habían casas muy curiosas algunas eran como sótanos, otras muy grandes y con figuras dobladas, las calles eran chiquitas y largas con bloquecitos altos donde se encontraban las casas, pequeñas casitas, casi todas  tenían floreros en sus puertas de cemento, algunos tenían juguetes o fotos, se veían tan alegres pero la gente que caminaba por ahí no lo parecía, seguro es muy hermoso adentro que cuando salen se sienten tristes; no te pude encontrar por eso me senté en el piso y me puse a llorar. 
Unos días después mi tía te trajo en un frasquito, iba a viajar a argentina, le ayude a hacer su equipaje tenia ropa muy bonita, fuimos a despedirla al aeropuerto, otra vez mi mamá lloro con sus ojos ya encontrados. Cuando mi tía llego a argentina llamo desesperada: “¡mi mamá no esta, la perdí!”. 
Ahora vives en el cajón de mi cama pero no le digas a mamá que no te deje ir, se enojara.
Seguro no te vi.

jueves, 17 de noviembre de 2011


Tejías cada momento de mis ojos entre tus arrugas, te sentabas en el jardín mientras yo jugaba por el patio de ese entonces; el tacto para cocinar, el jardín de geranios, tus paseos por calles muy estrechas.

Ocho años que no veo las playas desde mi casa, quiero que te sientes a mi lado mientras me haces la chompa del gato que me gustaba y que prepares el té de menta; siento no cuidar tú jardín pero fue difícil salir de casa por mucho tiempo, papá decía que se secaría de todas maneras. A los seis años te seguí, es fácil salir por un pequeño hueco, seguí las migajas del bizcocho que guardabas en una tela pero creo que las palomas también planeaban encontrarte, desde pequeña supe que te irías, por eso te ponía bizcochos en el bolso; creo que a “mamá” no le gustaban las ideas de persecución, será porque se acostumbro a no seguir, pero si a recibir lo que llegara sin reclamar, por eso conocí a mi papá.

Sábado, bajabas las escaleras de mi cierre. 
Domingo, nadie nos conocía, dormidos en mi pequeño departamento.
-soy un ser vivo.
-yo solo necesito unos puchos.
-¿a qué hora viajas?
-cuando salgas de la ducha, cierras la puerta del depa.
Las pasiones se redescubren, en un tren, una banca, por las calles de San Telmo, mientras te rascas una oreja o cuando haces el amor en la sala a las tres de la mañana.

miércoles, 16 de noviembre de 2011


Estas en una cunita extraña; respirar es muy complicado, a veces. No te preocupes, ratón, tu corazón es casi un zumbido, aun no conoces la gracia de tu papá, ni los saltos de tu mami, te encantara saber sobre las manías de una mujer cansada y de las bromas de un anciano que te sueña a diario. Mi ratón, te quiero enseñar a rodar por los colores, sería bueno explicarte la mejor manera de saltar de un carro, hacer que tus ojos se rellenen de olas y decirte que en la universidad aprendí las cantidades exactas para mezclar ron y gaseosa.
Ya hablaremos ratón.

martes, 20 de septiembre de 2011


Mi primera enamoradita. Era más pequeño, mas pequeño aún, ahí donde la sonrisa es cosa del arroz con leche, en bolsa, del mercado; ella era de esas niñas con trenza de colegio (cinta azul con amarillo), aún extraño sus viernes de buzo y la sonrisa desde la bicicleta, con su maldad única, sin llantas de entrenamiento; entre cada juego ella no era un reloj en mi mano pero si en mis ojos, los días y noches eran tardes de encantados; pero solo paso una vez, hablamos como adultos, éramos como de 10, recuerdo, y aún me late el ojo mientras extraño mi mejilla, no sabia donde esconderse y la vi en medio de la vereda, buscando entre derecha e izquierda donde meter su cuerpo sin sentido, vio al cielo como esperando alas, le grité:

-¡ven acá! (vi sus ojos)
-aaah, dijo ella con su trenza medio descosida.

Ahí, justo ahí. Me enamoré, fui de 10. Trepó con agilidad el muro de la casa abandonada, yo andaba duro por su voz de resorte ácido, hasta que me sacudió de las orejas, ella jugaba. Yo me orinaba.

-acá no nos encontraran.
-ajap, hubiera querido que del juego no se trate.

No olía a niña, era como sus voces…frutitas ácidas, exacto: olía a sus gritos; él entró, que bueno que lo hizo, corrimos con seguridad hacia un cuarto, nos acercamos mucho y atrás de una puerta, sentí sus pies. Ella miraba por el vidrio y yo ya no alcanzaba notas al hablar, ya no habían pasos.

-creo que se fue, dijo sin mirar
-ajap, no podía decir más
-deberíamos salir, tú vas por arriba y yo salgo por el huequito que esta cerca al pasto. Planeaba muy bien la manera de huir, yo no quería ganar, no quiero ganar.

Cuento tres y salimos…1… (supe que ya contabas) 2…(me arden los ojos, tu acides) 3…(mis pies no reclamaron su naturaleza)
Te escuche de brincos entre trocitos, seguía entre el vidrio y mis dedos.

-¿estas bien? , se vio de 10 tras el vidrio, sus colores eran largos y complicados.
-sí.
-¿ya no quieres jugar?, nunca quise este juego.

Cruzo el vidrio como los fantasmas que habitaban ahí, los de la señora Asunción que se hizo polvo; me miro y jalo de la mano, las piernas no eran mías, se hicieron largas. No se reconocían, su fuerza. Me sacudió al picaporte…

-¡auu, mi ojo!...
-¡lo siento!, volví, era yo el que lloraba, ella me acariciaba como a su cachorro, frufrú.

Le conté que ya me había golpeado antes, ella me enseño una cicatriz en su frente, la boca, le decía.
Me limpio el rostro con su polo, usando mis lágrimas, se acercó

-lo siento, se acercó más

No se llamaba Cindy.

sábado, 27 de agosto de 2011



En compañía de tu cuerpo

"Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan"

De “Ceremonia solitaria” Roma, 1964, Eielson

domingo, 3 de julio de 2011

martes, 21 de junio de 2011


Busque en el agua las cuerdas de Andres. Desnudo, sin piel y al roce de llagas me sumergí lentamente, era un pozo profundo lleno de cadáveres nacidos, Andres escondía a sus amigos allí, era un juego permanente de llamadas externas, gritos en la cabeza de Andres y el silencio del pozo mientras la cuerda bajaba. Ahora se que soy uno de sus amigos o mejor aun se que soy su hermano, antes del pozo pase por la casa.
De la araña de mamá cuelga ahora el niño araña, gracias Andres.