
Mi primera enamoradita. Era más pequeño, mas pequeño aún, ahí donde la sonrisa es cosa del arroz con leche, en bolsa, del mercado; ella era de esas niñas con trenza de colegio (cinta azul con amarillo), aún extraño sus viernes de buzo y la sonrisa desde la bicicleta, con su maldad única, sin llantas de entrenamiento; entre cada juego ella no era un reloj en mi mano pero si en mis ojos, los días y noches eran tardes de encantados; pero solo paso una vez, hablamos como adultos, éramos como de 10, recuerdo, y aún me late el ojo mientras extraño mi mejilla, no sabia donde esconderse y la vi en medio de la vereda, buscando entre derecha e izquierda donde meter su cuerpo sin sentido, vio al cielo como esperando alas, le grité:
-¡ven acá! (vi sus ojos)
-aaah, dijo ella con su trenza medio descosida.
Ahí, justo ahí. Me enamoré, fui de 10. Trepó con agilidad el muro de la casa abandonada, yo andaba duro por su voz de resorte ácido, hasta que me sacudió de las orejas, ella jugaba. Yo me orinaba.
-acá no nos encontraran.
-ajap, hubiera querido que del juego no se trate.
No olía a niña, era como sus voces…frutitas ácidas, exacto: olía a sus gritos; él entró, que bueno que lo hizo, corrimos con seguridad hacia un cuarto, nos acercamos mucho y atrás de una puerta, sentí sus pies. Ella miraba por el vidrio y yo ya no alcanzaba notas al hablar, ya no habían pasos.
-creo que se fue, dijo sin mirar
-ajap, no podía decir más
-deberíamos salir, tú vas por arriba y yo salgo por el huequito que esta cerca al pasto. Planeaba muy bien la manera de huir, yo no quería ganar, no quiero ganar.
Cuento tres y salimos…1… (supe que ya contabas) 2…(me arden los ojos, tu acides) 3…(mis pies no reclamaron su naturaleza)
Te escuche de brincos entre trocitos, seguía entre el vidrio y mis dedos.
-¿estas bien? , se vio de 10 tras el vidrio, sus colores eran largos y complicados.
-sí.
-¿ya no quieres jugar?, nunca quise este juego.
-¿ya no quieres jugar?, nunca quise este juego.
Cruzo el vidrio como los fantasmas que habitaban ahí, los de la señora Asunción que se hizo polvo; me miro y jalo de la mano, las piernas no eran mías, se hicieron largas. No se reconocían, su fuerza. Me sacudió al picaporte…
-¡auu, mi ojo!...
-¡lo siento!, volví, era yo el que lloraba, ella me acariciaba como a su cachorro, frufrú.
Le conté que ya me había golpeado antes, ella me enseño una cicatriz en su frente, la boca, le decía.
Me limpio el rostro con su polo, usando mis lágrimas, se acercó
-lo siento, se acercó más
No se llamaba Cindy.

2 comentarios:
buen posteo de toques falopeados eh jejja, eielson buen descubrimiento
jaja!...gracias, los toques falopeados son los que vuelven a la vida mas digerible.
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