Tejías cada momento de mis ojos entre tus
arrugas, te sentabas en el jardín mientras yo jugaba por el patio de ese
entonces; el tacto para cocinar, el jardín de geranios, tus paseos por calles
muy estrechas.
Ocho años que no veo las playas desde mi
casa, quiero que te sientes a mi lado mientras me haces la chompa del gato que
me gustaba y que prepares el té de menta; siento no cuidar tú jardín pero fue
difícil salir de casa por mucho tiempo, papá decía que se secaría de todas
maneras. A los seis años te seguí, es fácil salir por un pequeño hueco, seguí
las migajas del bizcocho que guardabas en una tela pero creo que las palomas
también planeaban encontrarte, desde pequeña supe que te irías, por eso te
ponía bizcochos en el bolso; creo que a “mamá” no le gustaban las ideas de
persecución, será porque se acostumbro a no seguir, pero si a recibir lo que
llegara sin reclamar, por eso conocí a mi papá.



