jueves, 17 de noviembre de 2011


Tejías cada momento de mis ojos entre tus arrugas, te sentabas en el jardín mientras yo jugaba por el patio de ese entonces; el tacto para cocinar, el jardín de geranios, tus paseos por calles muy estrechas.

Ocho años que no veo las playas desde mi casa, quiero que te sientes a mi lado mientras me haces la chompa del gato que me gustaba y que prepares el té de menta; siento no cuidar tú jardín pero fue difícil salir de casa por mucho tiempo, papá decía que se secaría de todas maneras. A los seis años te seguí, es fácil salir por un pequeño hueco, seguí las migajas del bizcocho que guardabas en una tela pero creo que las palomas también planeaban encontrarte, desde pequeña supe que te irías, por eso te ponía bizcochos en el bolso; creo que a “mamá” no le gustaban las ideas de persecución, será porque se acostumbro a no seguir, pero si a recibir lo que llegara sin reclamar, por eso conocí a mi papá.

Sábado, bajabas las escaleras de mi cierre. 
Domingo, nadie nos conocía, dormidos en mi pequeño departamento.
-soy un ser vivo.
-yo solo necesito unos puchos.
-¿a qué hora viajas?
-cuando salgas de la ducha, cierras la puerta del depa.
Las pasiones se redescubren, en un tren, una banca, por las calles de San Telmo, mientras te rascas una oreja o cuando haces el amor en la sala a las tres de la mañana.

miércoles, 16 de noviembre de 2011


Estas en una cunita extraña; respirar es muy complicado, a veces. No te preocupes, ratón, tu corazón es casi un zumbido, aun no conoces la gracia de tu papá, ni los saltos de tu mami, te encantara saber sobre las manías de una mujer cansada y de las bromas de un anciano que te sueña a diario. Mi ratón, te quiero enseñar a rodar por los colores, sería bueno explicarte la mejor manera de saltar de un carro, hacer que tus ojos se rellenen de olas y decirte que en la universidad aprendí las cantidades exactas para mezclar ron y gaseosa.
Ya hablaremos ratón.