jueves, 17 de noviembre de 2011


Tejías cada momento de mis ojos entre tus arrugas, te sentabas en el jardín mientras yo jugaba por el patio de ese entonces; el tacto para cocinar, el jardín de geranios, tus paseos por calles muy estrechas.

Ocho años que no veo las playas desde mi casa, quiero que te sientes a mi lado mientras me haces la chompa del gato que me gustaba y que prepares el té de menta; siento no cuidar tú jardín pero fue difícil salir de casa por mucho tiempo, papá decía que se secaría de todas maneras. A los seis años te seguí, es fácil salir por un pequeño hueco, seguí las migajas del bizcocho que guardabas en una tela pero creo que las palomas también planeaban encontrarte, desde pequeña supe que te irías, por eso te ponía bizcochos en el bolso; creo que a “mamá” no le gustaban las ideas de persecución, será porque se acostumbro a no seguir, pero si a recibir lo que llegara sin reclamar, por eso conocí a mi papá.

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