Son esas
madrugadas en las que creo que no hay nada que me haga sonreír hasta que llega
ella con sus enormes ojos a decirme que busque una pestaña dentro de ellos y me
doy cuenta que estoy demasiado cerca que puedo sentir: su respiración tan tibia,
su piel suave, sus labios bien dibujados, me veo hasta los huesos en sus ojos
negros; la quiero besar, quiero saber si es cierto que sabe a mandarina.
-ya está, ahora pestañea varias veces
-ok
a la tercera pestañada descubrí que en su boca no hay solo mandarinas.
-ya está, ahora pestañea varias veces
-ok
a la tercera pestañada descubrí que en su boca no hay solo mandarinas.





