miércoles, 24 de octubre de 2012


Ya no te odio, me agrada saber de ti,
que estas gorda
que tienes los dedos curvados señalando al sur.
Ya no te odio por haberte acostado con mi abuelo, es mas, amo haberte visto comiendo de sus heces con tu nariz respingada llena de batido de hígado y arroz.
Ahora con las tetas caídas limpias los pliegues de su cuello hasta los pies; hace meses que me escribes pidiendo perdón, ya no te odio...así como no odio que a tus 23 años prefirieras adoptar a un hombre de 84 en vez de sentir la tibieza de tu piel estirada.
en tu sexta carta dijiste: "hubiéramos sido muy felices", es cierto, quizás también hubiéramos tenido un hijo, con tus pecas y mi sombra, pero dejaste a un nombre sin niño por tu afán de lavar un cuerpo con esponja. Ya no te odio, como odiarte por amar un pene tímido e insensible, por querer planchar la raya perfecta del pantalón.
No te odio por querer ser feliz un año y enfermera el resto de su vida.
Me case, tengo 2 hijos, vivo en Paris, voy al gimnasio 3 veces a la semana, mi esposa es delgada, risueña, amorosa, prepara canapés por las tardes; amaba que le acaricie entre los muslos y le bese la espalda; me dices que nuca tuviste hijos que hiciste el amor 3 veces en 4 años, que te arrastrabas desnuda sentada encima de una lija para poder saciarte.
Tu ultima carta me llego hoy por la tarde, el abuelo falleció.
Ya no te odio.

2 comentarios:

Jorge A. Vergara dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge A. Vergara dijo...

El día que un hombre inventó el reloj las olas fueron repetitivas y ya no tuvieron forma de animales, ni parecían ya muñecos de mimbre.